Ya sabemos que estas fechas vuelven la vida más difícil. El tráfico, el cierre de año en el trabajo o la universidad, los compromisos sociales, en fin, sin ánimo de sonar como el “Grinch”, es un infierno. Y soy tan drástica porque en estas fechas debo sacrificar uno de mis grandes placeres, comer bien.
Final de semestre, concluir la tesis, el servicio social… ¿A qué hora como? Ni tiempo me da de fast food. ¿Qué hacer? Very fast food. Mi única opción son las maquinitas alineadas en el pasillo de la universidad. Y aquí surge el verdadero dilema: ¿Qué escoger? La bebida es fácil: a veces burbujas, a veces sin burbujas, a veces sin sabor, a veces sin azúcar. ¿Pero la comida?
Las papas son una buena opción, pero por alguna extraña razón, siempre que llego a la maquinita las papas que están al frente son justo las que no me gustan. A veces, si tengo mucho antojo y logro vislumbrar unas Ruffles detrás de las asquerosas Sabritas Limón o los arcaicos Cheetos Retorcidos, me quedo unos minutitos haciéndome güey cerca de las máquinas, por si a alguien sí le gustan esas frituritas. Nunca sucede. Aunque sí sucede a la inversa. Hay fila y el de enfrente se lleva las pinches Ruffles y me deja alguno de los productos anteriores.
También existe el siguiente problema. Quieres un Snickers y después de pagar la nada decente cantidad de 9 pesos por él, lo tienes que dejar entre tus manos 10 minutos, aún cuando mueres de hambre, por que las mugrosas maquinitas están programadas a una temperatura que es, ni muy fría para enfriar las bebidas, ni lo suficientemente templada para que al morder tu chocolate no pierdas un diente por lo duro que está.
Siempre le he tenido aversión a los sándwiches empaquetados, pero los Lunchibon no tienen madre… Ese pan blanco semimojadito con queso que sabe a plástico, jamón de algo (o de muchos algos) y si te va bien, una rodajita de chile en vinagre para disimular lo anterior. ¡Qué asco!
Un día se me ocurrió comerme una barrita Special K, que padece el mismo problema del chocolate, sólo que esta no se suaviza al recuperar su temperatura normal. El lado derecho de mi mandíbula estuvo a dos mordidas de la contractura.
Bueno, queda claro que cuando de maquinitas se trata, pues flojito y cooperando. Pero si aparte de que la variedad no te satisface y la calidad tampoco, la pinche máquina no quiere aceptar tu moneda o tu billete, aquí van dos tips para que mínimo ese problema ya no te suceda:
- Si metes tu moneda y la máquina la pasa derecho y te la devuelve, tírala al piso, písala y ráspala contra el suelo. Vuélvela a meter y ¡sorpresa!
- Si metes tu billete y te lo escupe inmediatamente, vuélvelo a meter y presiona con tu mano la parte sobresaliente por donde metiste el billete. En otras palabras, obliga a la pinche máquina a tragárselo… ¡En verdad funciona!
(Aplica también en las maquinitas de los estacionamientos)
Cheers,
Jota Beka
miércoles, 3 de diciembre de 2008
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1 comentario:
Hahahaha llegué aquí por el blog de Plaqueta... Porque en ese blog siempre son mejores los comentarios que lo que postea!
Este es el mejor post de los tres que tienen... no es que no me interesa saber que si el restaurant o la manga del muerto.... pero lo que te pasa con las máquinas e mejor que saber que si el precio y si el mesero que cuando voy a comer regularmente me valen madres!
Me andaré dando vueltas por aquí!
XD
¿Por qué ponen capthca? Si ni te comentan... agradece el spam!
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