viernes, 21 de noviembre de 2008

Brasserie Lipp

¡Ahora sí! Compañía entrañable, gran expectativa y buena vibra como resultado de un divertido concierto. Los requisitos necesarios para una gran experiencia culinaria se cumplían de mi parte. Al llegar, tuvimos que esperar aproximadamente veinte minutos, hecho que acrecentó mi hambre (eran las 11 de la noche) y mi curiosidad.
Nos pasaron a nuestra mesa. Aún excitados por el buen rato pasado en el Auditorio Nacional, no reparé en lo incómoda y pequeña que era. Ordenamos un Kir Royal para cada quien y una docena de ostiones para comenzar. El Kir Royal, delicioso. Y de ahí en adelante, todo iría en picada. Llegaron los ostiones de Baja California, que por su tamaño, sabor y consistencia son mis favoritos. Con ellos, arribó a la mesa la ya famosa vinagreta de shallots para acompañar a los moluscos. Para mi gusto le hacía falta vinagre y al hacérselo saber al mesero, me dijo que de inmediato me traía otra que fuera de mi agrado, cosa que jamás sucedió. No llegó ni la vinagreta, ni los limones que ordenamos después. Se acabó la docena de ostiones y nada.
Después de unos minutos, ya sin ostiones, pan o Kir Royal y tras varios intentos de llamar la atención de nuestro poco atento mesero, ordenamos una terrina de foie gras al centro y nuestros platos fuertes: mi acompañante preguntó si la trilogía de hamburguesas kobe era recomendable y el mesero rápidamente le respondió que el magret de pato estaba mucho mejor. Yo ordené el callo de hacha con risotto de hongos. Me saltaron a la vista los precios del menú y de la carta de vinos. Se lo comenté a mi acompañante y éste, haciendo gala de su irreverente forma de ser, contestó lo usual. “No está caro, lo que pasa es que ganas poco.”
Llegó la terrina y aunque regresé el pan melba y pedí un pan rústico, el platillo no tenía forma de ser arruinado, característica de la cual no gozan el magret de pato o los callos de hacha. Mi primera impresión fue que las porciones son exageradamente pequeñas y esto lo constaté cuando mi acompañante, incurriendo en un acto casi fóbico para él, me dio la razón y me dijo que el precio no tenía relación con la porción. “Ni con la calidad”, agregué yo al comerme de un bocado uno de los cuatro callos de hacha más pequeños que he visto en muchos años. Reseco, salado y chicloso. El magret también estaba pasado de cocción y este sí se llevó el record del más pequeño que he visto en mi vida. El vino, un tinto de Bordeux, no se pudo disfrutar ya que fungió únicamente como vehículo para poder deglutir la comida.
Si a estos errores de servicio y preparación de los alimentos le agregamos que, debido a la distribución de las mesas hay que pedirle al vecino permiso para ir al baño, se puede entender por qué pedimos la cuenta y nos evitamos el postre.

Si el amable lector decide constatar por sí mismo los comentarios hechos por esta pluma, le doy un par de consejos para que su experiencia sea mejor que la mía:
- Reserve. Pida que la mesa no sea de booth. Ya que será inevitable que incurra en el acto de mal gusto de escuchar conversaciones ajenas por la cercanía de los comensales vecinos.
- Si van dos, reserve para tres. Así evitará que lo sienten en una minúscula mesa donde no cabe ni una fuente de mariscos y dos platos.
- Recapacite si es realmente necesario ordenar una botella de vino; los precios están un poco inflados. Recuerde que Brasserie Lipp en Paris es más una cafetería que un restaurante sofisticado.
- Si va saliendo de un concierto o se le hizo tarde para cenar y no tiene problema en gastar, mejor vaya al Au Pied de Cochon. Mejor servicio, mejor comida y mejor ambiente.

Cheers,

Jota Beka

Reservas en opentable.com o al 5281-3538 / 3434
Horario: Lun a Dom de 7:00 am a 3:00 am

Zona de fumadores

jueves, 20 de noviembre de 2008

Sud 777

No es la primera vez que voy a este restaurante. Su ubicación lo convierte en uno de los favoritos para la gente del sur, como yo. Sin embargo, esta vez la experiencia era diferente. Dicen que la mejor comida es la que es gratis y hoy, los encargados de saldar la cuenta eran los promotores de un laboratorio. Así que llegué a este restaurant que parece una cabaña en la montaña, con chimenea y harta madera que lo hacen sentir a uno fuera de esta conflictiva ciudad.
En esta ocasión, la compañía no era un plus. Esto me permitió poner más atención en el servicio, la comida y sobre todo, en la bebida. Con un aperitivo frente a mí estudié la carta y nos decidimos por una tártara de atún, buena, unos ostiones Rockefeller, deliciosos, y unas almejas con soya picante, también excepcionales. Para continuar ordené un rib eye término inglés, pero éste llegó rozando un tres cuartos. Lástima, porque la materia prima es de muy buena calidad y merecía una cocción adecuada. Sin embargo, no fue una tortura comerla. Sobre todo porque mi elección de la guarnición fue más que atinada: los hongos charcutier no tienen progenitora. Las papas a la francesa no corrieron con la misma suerte, más bien las definiría como harinosas e intrascendentes.
Junto con los hongos, el gran ganador de la tarde fue el vino, un Cyan de la región Toro cosecha 2003, que más que acompañamiento fungía como protagonista en una mesa de plática insulsa y fingida. Al terminar el vino, llegó el postre. La crème brûlée es muy recomendable, sobre todo acompañada de un buen cafecito para matar al frío.
Creo importante resaltar que, al no ser la primera vez que asisto al Sud 777, he percibido una evolución positiva tanto en su servicio, puntual y atento, como en la elaboración de los platillos. A mi parecer, el mejor restaurante no es el que mantiene la calidad en su servicio y su cocina, sino el que busca mejorarla día con día. Y el Sud 777 va por buen camino. Regresaré pronto con una compañía más disfrutable…

Cheers,

Jota Beka

Reservaciones en opentable.com o al 5568 47 77
Horarios: Comida: Lunes – Sábado: 13:00 – 18:00
Cena: Lunes – Miércoles: 19:00 – 23:00
Jueves – Sábado: 19:00 – 24:00
Brunch: 12:00 – 14:00

Zona de fumadores y lounge.